La entrada en Skina y la secuencia de la zanahoria de aperitivo en la cocina.
Nueva visita a Skina, en Marbella. Si hay una persona que persevera en la consecución de la excelencia y en llegar a lo más alto, esa es Marcos Granda. En su nueva ubicación, Skina presenta un local mucho más desahogado, con una espectacular bodega en la entrada que opera como recibidor, un patio exterior y una sala amplia y elegante que preside una enorme cocina abierta donde ejercen Mario Cachinero y su equipo. Una propuesta refinada, precisa y elegante, muy marcada por el producto de temporada y con una línea clara y definida. Clasicismo retocado, mucho énfasis en las salsas (magníficas), materia prima impecable y una estética cuidada. Quizás se pueda echar en falta más riesgo o audacia en los platos pero existe un voluntario ejercicio de autocontrol en la oferta, que satisface a un público pudiente y exigente. La sala cumple de sobra aunque sufre con la profusión de bocados que se presentan y que, por momentos, abruman al comensal. La bodega es, simplemente, fastuosa, y se cobra como tal. Sigo pensando que le beneficiaría un formato menos encorsetado en el “modelo Michelin” que relajase un tanto el ritmo de la cocina y la sala y permitirse una experiencia más distendida al cliente. Hay cocina, servicio y bodega para sostenerlo, de sobra. @restaurantskina @marcos__granfer @fluartinprogress
