Cordero, fainá, gremolata y perlas de trufa. Terrina de merluza ahumada con una farsa de vieiras, salsa de crema. Pintada al yakitori con una demiglace de cebada, trigo y perejil, puré ajo negro y patatas. Maíz, Kombu, tofee y yuzu.
El argentino Emiliano Schobert no oculta sus raíces a lo largo de su menú “Esencia” - con guiños a su tierra de origen y alguno que otro a la que le acoge - pero muestra un indudable gusto por los esquemas franceses de la alta cocina: depurada técnica y preciosismo en las presentaciones - muy cuidadas, quizás algo teatrales - tras propuestas bien concebidas que relegan a un segundo plano la excelencia de un producto que, sin ser sobresaliente, es correcto. Platos agradables y bien resueltos en los que prima el equilibrio y una cuidada estética que en algunos pases da la impresión que sacrifica el resto de los elementos y posibles matices. No sorprende que a los inspectores de Michelin les seduzca la oferta. Servicio cuidado y ritmo impecable a mediodía. Merece especial mención Giacommo, al frente de la sala y la bodega.
El espacio, en la cuarta planta del Museo de Málaga, en el Palacio de Aduanas, está muy cuidada: confortable, con espacio suficiente entre mesas - que piden un mantel a gritos - y una cocina vista - de las dos que tienen - que no interrumpe el disfrute del comensal. Y unas vistas privilegiadas sobre la Alcazaba de Málaga. La terraza se presume imprescindible para una sobremesa con buen tiempo. @restauranteblossom @emischobert
